Lunes, 18 Febrero 2019 14:59

Habrá que plantar un árbol

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Marcos Hojman en la actualidad, con un ejemplar de su libro, al que luego dedicaría para 5 Inicial Marcos Hojman en la actualidad, con un ejemplar de su libro, al que luego dedicaría para 5 Inicial

Marcos Hojman, jugador de Macabi +43 en el Maxibásquet de FeBAMBA, y su recientemente inaugurada faceta como escritor de libros. Conocé el lado B de este arquitecto, que le da rienda suelta a su pasión por el básquet y la escritura.

A José Martí, el político, ensayista, poeta y pensador cubano, se le atribuye la frase que dice "hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro". Por varias razones uno podría creer que esas tres cosas están ordenadas por grado de dificultad. Y sería bastante coherente pensar que la mayoría de los mortales llegan hasta el nivel dos (tener un hijo), y antes o después de ello, plantan un árbol. Pero Marcos Hojman contradice esa lógica, y sólo le falta plantar un árbol. Nacido en San Juan y Boedo, en pleno corazón de la Nación Cuerva, el 27 de octubre de 1964, éste Arquitecto de 1,92 metros de altura se hizo fanático de San Lorenzo, club en el que abrazó su pasión por el básquet, cuando aún desconocía cuáles serían los otros ejes de su vida. Aunque el romance con la naranja no fue a primera vista.
Para el mayor de los dos hijos que tuvieron Julio y Silvia Hojman, el deporte que abraza hasta la actualidad tuvo que seducirlo dos veces. Hubo una primera vez. Tenía compañeros de escuela que jugaban al básquet, como Claudio Ohman, que lo hacía en Betam de Lanús, y Claudio Perles, que militaba en comunicaciones. Todavía los ve ocasionalmente, cuando se juntan a comer. El advenimiento de Facebook permitió retomar antiguas amistades, potenciando la natural tendencia de Marcos por conservar sus amigos desde muy pequeño, al punto que es habitual que se reúna con compañeros de primaria y secundaria. Dada su altura, fueron reiterados los pedidos de sus compañeros (o de los papás de éstos hacia don Julio Hojman), para que empezara a practicar básquet. Pero fue Armando Zygelman, el legendario oficial de mesa que tiene Macabi, el que logró el primer acercamiento con la naranja: Armando iba siempre a la fábrica que poseía don Julio, a pedirle que lo llevara a Marcos a jugar en la entidad del Abasto. Corría el año 1974 cuando llegó el primer intento de aprender baloncesto en la calle Tucumán al 3000, pero al poco tiempo desistió, porque no lo entusiasmaba. Pasaron dos años, hasta que un señor paró al longilíneo chico de 12 años por la calle y le preguntó si jugaba al básquet. Ante la respuesta negativa, lo convocó a una prueba en San Lorenzo, el club de sus amores, a realizarse al día siguiente. La idea de jugar para el equipo de que era hincha lo tentó, y fue. Apenas ingresó al Salón San Martín, la antigua cancha del Azulgrana en el Viejo Gasómetro, Erio Cassettai, viejo formador de las inferiores del Santo, lo puso contra el tablero, y así lo tuvo durante un año, hasta que estuvo listo para competir, y lo federaron. Pero el papá de Marcelo "el cabezón" Cassettai, no sólo había logrado moldear un jugador, sino que también le transmitió la pasión por el deporte que lo acompañaría por el resto de su vida. Debutó en Cadetes, y jugó allí regularmente hasta Juveniles, en lo más alto del básquet metropolitano, compitiendo con los mejores equipos, como el Ferro de Uranga, Maggi y Darrás. Pero llegó la crisis institucional, que concluiría con la pérdida del estadio del Ciclón y el descenso del equipo de fútbol. Fue una tragedia que arrastró a todos los deportes. Ese 1981, el de la debacle, fue un año turbulento. Y 1982 no fue fácil. Los juveniles del básquet jugaban los Sábados, y también la primera de fútbol, por lo que la tentación de faltar a los juegos era grande, para ir a ver al 11 Azulgrana, que ese año recuperó su lugar en la élite, comandado, entre otros, por Jorge "La Chancha" Rinaldi. El rubio delantero solía interesarse con el baloncesto, por lo que en 1983 estuvo varias veces en la tribuna, cuando jugaba la primera de básquet y Hojman pugnaba por hacerse un lugar, soñando con jugar en la Liga Nacional, próxima a estrenarse.

 

Un joven Marcos Hojman, en sus inicios en San Lorenzo, a las órdenes del maestro Erio Cassettai

Pero la competencia era dura. Recién egresado de la ORT como maestro mayor de obra, y próximo a iniciar la carrera de Arquitectura en la UBA, el sueño de la Liga quedó atrás, y Hojman pasó a Sociedad Hebraica, donde jugaría en paralelo con buena parte de sus estudios universitarios. En su secundaria se había despertado el germen de otra de sus pasiones: escribir. En tiempos de Dictadura, no había Centro de Estudiantes, pero sí una revista en el colegio, en la que había escrito sobre temas cotidianos de la escuela, en dupla con Mario Grimberg. Esas habían sido las primeras armas del escritor, complementadas con algunos intentos de poemas y cuentos. Después de unos años en Hebraica, y luego de breve paso de una temporada por Ateneo Popular de Versalles, el basquetbolista activo comenzó a dejarle paso al futuro arquitecto. La necesidad de trabajar y avanzar con los estudios, lo obligaron a cursar en horario nocturno, interrumpiendo la práctica del básquet. Por ese entonces se anotó en un taller literario, impartido por Claudia Hartfiel.
Ya en 1995, recibido como arquitecto, casado (desde 1990) con Andrea, y convertido en papá de Dan, que actualmente es publicista y tiene 24 años, y de Florencia, que tiene 20 años y estudia ingeniería textil en la UTN, Marcos retomó su vínculo con la escritura al trabajar para la revista "Sepa cómo instalar" donde hacía notas de aparición mensual en las que explicaba cómo instalar y usar nuevos productos. Con la proliferación de la TV por cable, la revista saltó a un canal, en el que Hojman condujo un segmento, y hasta el año 2000 se mantuvo en la tarea. La venta de la empresa a un grupo mexicano fue una nueva bisagra en su vida. Se alejó de los medios, aunque no perdió la costumbre y siguió escribiendo gacetillas técnicas, añadiéndoles una cuota de humor (acaso fue en ese entonces cuando se comenzó a gestar su libro "Cuentos de/para/sobre/con Arquitectos".

Arquitecto, hombre de familia y con ganas de ser escritor, también había llegado el momento de volver al básquet como algo recreativo. Había regresado a jugar una vez recibido, en el club CASA de Vicente López, donde jugó con amigos en lo que era la vieja Liga Porteña, pero fue algo breve. También participó en algún torneo intercountries, como para mantener en contacto con la pelota. Pero la mudanza al barrio del Abasto le permitió volver a sus orígenes, a aquel primer intento fallido de jugar. Otra vez Macabi. Comenzaron a juntarse algunos ex jugadores, para despuntar el vicio. Hasta que en 1997, cuando algunos de los muchachos que también están desde el principio tuvieron la edad necesaria, se inscribieron para participar del torneo metropolitano +35, donde actualmente juega en la categoría +43, aunque con muchas ganas de que se arme el +50.

 

Antes de jugar en el Maxibásquet de FeBAMBA, Hojman disputó esporádicamente algunos torneo intercountries (izquierda), y desde 1997 integra los elencos estables del Maxibásquet de Macabi

 

 

En el Maxibásquet Marcos tuvo que enfrentar en reiteradas ocasiones al San Lorenzo de sus amores (izquierda). Varias victorias del +43 de Macabi han llevado la impronta del tridente integrado por Mauricio Wexler, Marcos Hojman y Claudio "Pelado" Stambulsky (derecha)


Pasaron muchos años de básquet, de proyectos como arquitecto independiente, haciendo pequeñas obras, reformas de comercios y viviendas, etc. Marcos trabajaba como intendente en un country, y la idea seguía rondando su cabeza: escribir un libro. El re-encuentro casual con Claudia Hartfiel, su antigua profesora del taller literario, le dio impulso al proyecto. Entre 2015 y 2016 Hojman recopiló todo el material que había generado, fiel a su costumbre de años de seguir escribiendo pequeñas historias y gacetillas. Bajo la orientación de Hartfield, y volviendo sobre sus inicios en aquella revista estudiantil, aplicó el humor a varias de las historias que versaban sobre los arquitectos y su universo, compuesto de colegas, clientes, los gremios de la construcción y, claro, la familia. De a poco, esas historias fueron ficcionalizándose, para poder expresar con libertad, fantasía y humor, lo que Marcos quería contar sobre su profesión. El libro estuvo listo, con 12 cuentos de/para/sobre/con arquitectos, pero faltó el paso final: publicarlo.
Pasarían dos años más, hasta 2018, cuando las circunstancias de la vida lo encontraron ante la posibilidad material de publicar su obra, y se dijo a sí mismo "es ahora o nunca". Así fue que vio la luz la primera edición del libro, con ilustraciones de Tristán de Villalobos, que es también arquitecto y dibujante, al que Marcos seguía a través de Instagram y contactó para contribuir a la obra.
Cuentos de/para/sobre/con arquitectos tiene una lectura amena, con descripciones que transportan al lector a las situaciones típicas de las obras, y donde se pueden conocer, desde diferentes enfoques, como es el mundo de la construcción. En un tiempo muerto o minuto del básquet, se dispone de un breve lapso de tiempo para intentar re-encausar el juego de un equipo. Pero parece que los tiempos muertos de los arquitectos son más largos, y Hojman afirma que muchos de ellos le sirvieron para dar rienda suelta al escritor, que comparte el envase de 1,92 metros con el arquitecto y el basquetbolista, y volcar sus vivencias de obra, procurando reflejarlas desde las 3 perspectivas (mucha veces contrapuestas): los clientes, los gremios y los arquitectos.
Ahora habrá que conseguir un pedacito de tierra y una pala.

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